Un chaval lo adelantó en su monopatín. Ander no pudo evitar fijarse en su número, 00:07. El chaval hizo un quiebro para no arrollar al carlino de una mujer. Esta presumió de toda su cultura arrabalera y de su profundo conocimiento de los sinónimos de «gilipollas» y siguió su camino. Ander corrió tras él por una corazonada.
- Eba Martín Muñoz, Cuentos para vagos - La Hora